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Lo que estamos viviendo en el feedlot es, sin vueltas, un momento raro. Marzo fue un mes extraño de punta a punta y el arranque de abril sigue en la misma línea.

Desde la caída de la oferta con destino a faena en lo que va del año, marzo reveló que las consecuencias de la escasez durante el primer bimestre, donde los incrementos de precios entusiasmaron a los tenedores del gordo, encontraron un límite.

Un negocio donde la realidad de la calle le traslada un mensaje inequívoco a una demanda que aprende sobre la marcha. Con menos oferta disponible para repartir entre los actores con diferentes aspiraciones y negocios, el concepto de firmeza como consecuencia de una puja por no resignar volumen de trabajo, se redefine por estas horas con un mandato claro que llega desde los mostradores y góndolas.

Sobre el cierre del año pasado, puntualmente en noviembre, el valor de la hacienda gorda para faena había trepado un 19%, desnudando que la oferta disponible no estaba a la altura de los requerimientos de una demanda en llamas.

Hay poca oferta y la demanda compite y paga más por un bien escaso. La faena está bajando, la oferta de carne es menor y crecen las exportaciones. En este contexto además, los criadores están bien financieramente y tienen posibilidades de retener, hay interés por recriar y es buena la relación maíz – carne. Todo esto potencia la demanda.

Lo que veo es un negocio firme, que viene de un 2025 espectacular y con un arranque de 2026 que mantiene el entusiasmo.

USDA Agricultural Projections to 2035 (February 2026).

USDA Agricultural Projections to 2035 (February 2026)

El mercado de invernada comenzó el año con señales claras de firmeza. Los primeros remates realizados en la Cuenca del Salado: zonas como Chascomús, Saladillo, Olavarría, Rauch y Ayacucho, confirmaron ese escenario.