La combinación de una oferta restringida, con una exportación muy alta y un consumo que se resiste a ceder, determina hoy precios reales para el ganado que ya igualan los récords históricos del 2022.
Si exportamos más y empezamos a retener animales, teniendo en cuenta que la población crece, habrá menos carne para el consumo interno pero aún estamos lejos de abandonar el liderazgo en el consumo de carne vacuna.