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El clima otoñal de marzo complicó la logística habitual de los productores bonaerenses, que son los principales responsables y protagonistas del negocio en Cañuelas. Se sumó también el calendario con los casilleros en rojo por los feriados de carnaval.
Después de un enero de padecimientos, el segundo mes del año se despachó con lluvias que empezaron a torcer el rumbo de incertidumbre que la sequía había provocado en los últimos cinco ciclos.
Si partimos del supuesto que el MAG -antes Liniers-, es un espejo de la operatoria con hacienda en pie, estamos en condiciones de inferir que la oferta se derrumbó.
Los datos de la faena del mes pasado fueron crecientes y determinantes, apuntalados por la evolución del consumo interno en las vísperas de las Fiestas, que de esa manera marcó un fuerte contraste con el letargo en el que se había sumido durante el resto del año
Lo que se produjo a principios de noviembre como una sorpresa gratificante para un sector que venía penando por la chatura comercial, se aceleró en estos últimos días desde la firmeza de una demanda en apuros.
Las expectativas de suba de precios superaron a la realidad en la última quincena
La duda se había planteado en torno de la mejora de precios que se empezó a sustanciar desde el inicio de noviembre. Abonaba la incertidumbre el aspecto climático, que atravesó todo el mes con lluvias que regaron vastas regiones de producción pecuaria.
Una serie de hechos coincidieron para darle al negocio un empujón que hace rato se debía.
Las ansiadas lluvias por el sector se profundizaron en las últimas horas en vastas zonas productivas, algunas de las cuales empezaban a mostrar el conocido estrés de la sequía. Con buenos registros, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, que es la principal aportante de hacienda gorda al Mercado Agroganadero de Cañuelas, se inició una secuencia con desplazamientos hacia el norte del país.